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das en el sujeto o en una razón definida desde la con-
ciencia individual tendrán que revisar sus supuestos.
El lenguaje es el medio (y también el instrumento)
básico de socialización y autoconstitución del indivi-
duo; la comunicación proporciona un trasvase per-
manente de lo colectivo al individuo y de lo indivi-
dual a la colectividad. Habermas considera la perso-
na como el actor de un proceso circular en el que
es «el iniciador que domina las situaciones como ac-
ciones regulables» y «al mismo tiempo también es el
producto de las tradiciones dentro de las cuales se
encuentra, de los grupos solidarios a los que perte-
nece y de los procesos de socialización en los que se
desarrolla». El yo y su capacidad realizativa se cons-
truyen en la interacción.
La dinámica intersubjetiva implica la racionalidad
inherente a las reglas universales de la acción, a partir
de las cuales las pretensiones de validez se articulan
en un contexto de significaciones específico. Haber-
mas cree que la teoría de la racionalidad debe acom-
pañarse de una teoría de la argumentación, capaz de
explicar no solo un concepto de verdad relativo a los
enunciados descriptivos, sino también las pretensio-
nes de validez del lenguaje emocional y expresivo o
el de las normas de acción.
La acción comunicativa es la condición de posibi-
lidad, el a priori pragmático, mediante el cual se asimi-
lan no solo informaciones y estrategias técnicas, sino
también representaciones simbólicas sobre el mundo
y su sentido, normas sociales y principios morales.