técnicos hace que las ciencias aplicadas se hayan con-
vertido en piezas clave de los sistemas de producción
y creación de riqueza; las ciencias naturales propor-
cionan un conocimiento descriptivo del «mundo ob-
jetivo», insustituible en muchos sentidos; las preten-
siones de validez de este saber –la verdad– se basan
en los lenguajes empíricos específicos y en los pro-
cedimientos estándares de validación y justificación
compartidos por «las comunidades científicas». Pero
estos procedimientos son incapaces de alcanzar la di-
námica del «mundo social» y del «mundo subjetivo».
En estos ámbitos, las formas de investigación,
de explicación y de justificación son sustancialmen-
te distintas, porque las cuestiones centrales giran en
torno a la creación y la transformación de las signi-
ficaciones y del vínculo entre las necesidades y las
ideas que empujan las acciones humanas. El carácter
simbólico, intencional, interactivo, y también crítico
y autocrítico, de las instituciones humanas obligan a
emplear sistemas de conocimiento distintos de los de
la experimentación natural.
Dada esta necesidad de tratamiento diferenciado
de los tres ámbitos, Habermas cree que es convenien-
te distinguir varias formas de pretensiones de validez.
Junto a la pretensión de verdad característica de los
actos de habla descriptivos en relación con el mundo
objetivo, tenemos que situar la rectitud como la pre-
tensión de validez relativa a los actos de habla nor-
mativos que estructuran el mundo social, y la veraci-