ción, consolidadas en los dos volúmenes de su libro
Teoría de la acción comunicativa, a partir de la cual cons-
truyó la ética discursiva.
En los últimos años ha discutido las teorías de
Michel Foucault (en su libro El discurso filosófico de la
modernidad), Rawls, Rorty y su pragmatismo posmo-
derno, entre otros. Su amplísima obra se nutre de la
tradición kantiana e ilustrada (carácter regulativo y
constructivo de la razón, autonomía moral, sobera-
nía popular como fuente de legitimación del poder
del Estado, formación de voluntad común median-
te el consenso), la tradición hegeliano-marxiana (tra-
bajo, lenguaje, interacción, interés, identidad perso-
nal e identidad colectiva, alienación), conceptos pro-
cedentes de Horkheimer y Adorno (crítica de la ra-
zón instrumental, del mito positivista derivado de
una ilustración esclerotizada, de la reducción del co-
nocimiento a procedimientos de identificación y ho-
mogeneización, de los esquemas culturales desperso-
nalizadores). Después incorporará otros elementos
teóricos procedentes de Max Weber, Durkheim, Jean
Piaget, Kohlberg y Karl Otto Apel, además de los ya
mencionados.
La obra de Habermas tiene puntos de contacto
con la teoría crítica de Horkheimer y Adorno, pero
incluye razonamientos críticos sobre sus posiciones
y desarrolla una filosofía social muy diferenciada de
sus predecesores. Está de acuerdo con ellos en que
ha crecido desmesuradamente todo lo que se relacio-
na con las acciones instrumentales y con el ámbito