litativas, ya no de satisfacción de necesidades prima-
rias sino de fruición plena de un tiempo libre que in-
cita al «arte de vivir».
De aquí a la necesidad de trascender el tipo de
realidad impuesta, a desear la ruptura de la unidimen-
sionalidad y buscar un proyecto alternativo, hay un
salto al alcance de algunas fuerzas sociales, de indivi-
duos que no se resignan a la destrucción de la espe-
ranza en un mundo reconciliado consigo mismo.
El libro acaba con una cita de Walter Benjamin:
«Solo por el querer de aquellos sin esperanza nos es
dada la esperanza».
El fin de la utopía
Marcuse cree que el desarrollo de las sociedades
industriales avanzadas ofrece medios para caminar
hacia la reconciliación entre necesidad y libertad. Las
condiciones de posibilidad están dadas, lo que no
quiere decir que se aprovechen para hacerlas reali-
dad. Pero presentar este objetivo como utópico (en
el sentido de irrealizable) es un uso ideológico, que
solo busca el aplazamiento indefinido de cualquier
planteamiento serio de la cuestión.
En el libro El fin de la utopía, Marcuse afirma que
existen las fuerzas materiales e intelectuales necesa-
rias para transformar a la sociedad, pero la organiza-