72
de intereses y prefiguran el dominio de estos en el fu-
turo inmediato. Las necesidades de las personas tie-
nen un lugar secundario. La racionalidad tecnológica
está desplazando a la racionalidad humana.
El horizonte de futuro se produce por lo que se
acaba de decir. Se está imponiendo un proyecto de
sociedad, sin considerar otras alternativas históricas
que pueden responder mejor a las necesidades hu-
manas, a la esperanza de conciliación entre necesidad
y libertad.
Incluso muchos aspectos de la cultura y de la vida,
tradicionalmente subversivos y generadores de senti-
do crítico y de nueva conciencia, son asimilados por
el sistema como una parte del mismo. Esto provoca
lo que Marcuse denomina «desublimación represiv
o «desublimación institucionalizada»:
«La alienación artística es sublimación. Crea las imágenes de con-
diciones que son irreconciliables con el “principio de realidad” es-
tablecido, pero que, como imágenes culturales, llegan a ser tolera-
bles, incluso edificantes y útiles. Ahora estas imágenes son invali-
dadas. Su incorporación en la cocina, en la oficina, en la tienda;
su liberación comercial como negocio y diversión es, en un senti-
do, desublimación: reemplaza la gratificación mediatizada por la
inmediata. Pero es una desublimación practicada desde una “po-
sición de fuerza” por parte de la sociedad, que se puede permitir
conceder más que antes porque sus intereses han llegado a ser los
impulsos más interiorizados de sus ciudadanos y porque los pla-
ceres que concede promueven la cohesión social y la satisfacción.»