en la revista del Instituto («Sobre el carácter afirma-
tivo de la cultura»).
La nueva situación social volvió a dar actualidad
a esas páginas, ampliadas después con textos como
La agresividad en la sociedad industrial avanzada, Un ensayo
sobre la liberación, Ensayos sobre política y cultura, Psicoa-
nálisis y política, Filosofía y política, La dimensión estética,
y otros.
En «Sobre el carácter afirmativo de la cultura»,
Marcuse critica el tipo de cultura que actúa como jus-
tificación y complemento del orden de cosas estable-
cido y hace una contribución fundamental a la resig-
nación y a la sublimación represiva de las conciencias
individuales, que se someten inconscientemente a los
intereses de los poderes instituidos, intereses que no
se corresponden con los de los seres humanos co-
mo sujetos de razón, libertad y felicidad. Las gran-
des obras de la cultura (la cultura genuina) siempre
aportan un sentido de negación radical de las falsas
apariencias, que enredan la vida de las personas por
laberintos en los que no hay más salida que la pérdida
del instinto y la esencia personal. Comportan, pues,
un sentido crítico, sutil y profundo de las situaciones
históricas, que nunca se confunden con un estado de
cosas petrificado e intocable. Contrariamente a ello,
la mayor parte de las obras de cultura de las socie-
dades industriales avanzadas se convierten en piezas
de afirmación del orden establecido, «aquel orden de
cosas que ha hecho asequibles a los hombres aque-
llos bienes culturales».