discrepancias se fueron haciendo cada vez más insu-
perables, hasta llegar a la ruptura de su colaboración.
Marcuse tuvo que buscar trabajo y apoyo académico
en otros lugares. También él emigró hacia Ginebra
primero (1933), y después a Estados Unidos (1934).
Trabajó en la Universidad de Columbia de Nueva
York, en el Instituto Ruso (dominaba el ruso y era un
buen conocedor del país) y en el Centro Ruso de la
Universidad de Harvard (hasta 1954). Entre 1942 y
1950 colaboró con el Departamento de Estado del
Gobierno de Washington. Posteriormente fue profe-
sor de las universidades de Brandeis y Berkeley (Ca-
lifornia).
Durante los años sesenta los estudiantes america-
nos que se oponían a la guerra del Vietnam y los eu-
ropeos que reivindicaban la paz y otras muchas co-
sas (que dieron paso a los acontecimientos de Mayo
del 68, con la destacada intervención de líderes como
Rudi Dutschke y Daniel Cohn-Bendit) se inspiraron
en sus obras. Marcuse participó activamente en mu-
chas discusiones y reuniones, tanto en Estados Uni-
dos como en Berlín, Fránkfurt o París. En aquellos
años su obra tuvo una difusión extraordinaria.
Uno de los centros de la polémica durante aque-
lla época era la denuncia del carácter alienado y re-
presivo de la cultura, su falta de potencial crítico y
liberador, su incapacidad para ponerse al servicio de
la imaginación y del deseo de felicidad de la humani-
dad. Curiosamente Marcuse había escrito sobre estas
cuestiones ya en el año 1937, en un trabajo publicado