57
arte». El arte es signo, es materialidad y forma que
apuntan o muestran lo otro (contenido), que se capta
intuitivamente.
Finalmente, el arte es enigma y reconciliación.
«Todas las obras de arte y el propio arte son enigmas;
hecho que ha vuelto irritantes sus teorías, desde tiem-
pos antiguos. El carácter enigmático, bajo su aspecto
lingüístico, consiste en que las obras dicen algo y a la
vez lo ocultan». «Las obras de arte comparten con los
enigmas la ambigüedad tensa entre determinación e
indeterminación». A pesar de esta indeterminación,
la unificación de la multiplicidad que crea la estética
es un antídoto contra la disgregación y el caos, contra
la angustia y la desolación.
La existencia del arte hace realidad la promesa de
reconciliación. La posición de Adorno distingue cla-
ramente entre la obra de arte auténtica y lo que se
presenta como tal, en un espejismo de consecuencias
incalculables. En la sociedad de la «cultura de ma-
sas», la mercantilización de las piezas singulares y la
producción en serie promocionan el «prefabricado»
de lo nuevo, simulacros de originalidad. En esta vía
no hay un verdadero descubrimiento de lo que se es-
conde debajo de las apariencias, no hay integración y
reconciliación de fuerzas opuestas, sino pseudointe-
gración, repetición de lo mismo, disolución del suje-
to en los objetos, fetichización del arte como artículo
de lujo y como objeto de inversión. El arte se con-
vierte en una mercancía «de clase» en medio de un
alud inagotable de mercancías inútiles.