El arte es mímesis, conducta mimética, de lo que
está excluido y se ha reprimido. El arte no imita la
naturaleza, ni la apariencia de realidad que procura el
dominio, sino que es la experiencia «de algo que el
espíritu ya no tendría ni del mundo ni de él mismo»,
si no fuera por la existencia de la creación estética.
«La única verdad que tiene el arte es la apariencia de
lo que carece de apariencia»; «en este aparecer un no
ente como si fuera un ente tiene su acicate la pregunta
sobre la verdad del arte», escribe Adorno en Teoría
estética.
Por esta relación con la verdad, el arte, como ex-
periencia sensible y espiritual, proporciona saber, pe-
ro «como conocimiento no es discursivo, ni su ver-
dad es el reflejo de un objeto». La materialidad de la
obra de arte, la articulación y contraposición de los
elementos que la componen, está al servicio de esta
expresión y mímesis. El arte es lenguaje sin concep-
to, articulación o construcción de materiales que se
estructuran en una unidad superior, sin diluir la ten-
sión y la disparidad que los caracterizan.
La disposición formal de los materiales crea un
lenguaje nuevo, que permite la existencia de conteni-
dos inexpresables en otros lenguajes. Forma y con-
tenido se encuentran, pues, entrelazados, dialéctica-
mente relacionados. Hegel hace un planteamiento
idealista y regresivo al considerar «la forma como
contenido, y cae en una cruda dialéctica pre-estética.
Confunde el tratamiento imitativo o discursivo de la
materia con la calidad de “ser otro” constitutiva del