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«El pensamiento es, por su propia naturaleza, negación de todo
contenido concreto, resistencia a lo que se le impone; así lo ha
heredado de su arquetipo, que es la relación del trabajo con su
material.»
Segundo, la negación de la totalidad abstracta:
«La filosofía tiene que perder la esperanza de la totalidad: el carác-
ter fundamental de cualquier concepto abstracto se desploma ante
el ente concreto
Tercero, la negación de la identidad absoluta: el
yo, como totalidad concreta, tampoco se puede pri-
vilegiar como identidad absoluta (como hicieron los
idealistas). Los procesos de creación de identidad
(personal y colectiva) comportan también coacción;
por lo tanto, identidad y totalidad (identidad absolu-
ta) son términos contradictorios.
Y cuarto, la negación de la verdad como «posesión
permanente»:
«La filosofía tiene que renunciar al consuelo de que no podemos
perder la verdad. Toda filosofía que es incapaz de arrojarse al abis-
mo del que parlotean los fundamentalistas de la metafísica –no se
trata en ellos de ligereza sofista sino de locura– se convierte, analí-
tica y potencialmente, en tautología, bajo el imperativo de su pro-
pio principio de seguridad. El pensamiento abierto carece de pro-
tección contra el riesgo de la desviación hacia lo arbitrario; nada le
garantiza estar suficientemente empapado de la cosa para superar