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tivas situadas más allá de los órdenes conceptuales
(trascienden los límites del sentido conceptual).
La filosofía tiene que iluminar el camino de un
conocimiento comprometido con las necesidades de
liberación de la irracionalidad provocada por la ins-
trumentalización de la razón y de los seres:
«La filosofía, tal como cabe responsabilizarla a la vista de la deses-
peración, vendría a ser la tentativa de considerar todas las cosas
según se presentan desde el punto de mira de la liberación.»
Esta perspectiva obliga a los intelectuales a salir
de sus torres de marfil de la abstracción y del distan-
ciamiento de la actividad material, porque solo sobre
la base de esta se puede construir un pensamiento
fructífero:
«El intelectual, y muy especialmente el que se orienta hacia la fi-
losofía, está excluido de la praxis material: la náusea ante esta le
lleva a ocuparse de las llamadas cosas espirituales. Pero la praxis
material no es solo el supuesto de su propia existencia, sino que se
encuentra también en la base del mundo, cuya crítica coincide con
su tarea personal. Si ignora esta base, apunta hacia el vacío