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conciencia y en el inconsciente de los particulares. Solo en virtud
de su oposición a la producción, como entes todavía no totalmen-
te prisioneros del sistema, los hombres pueden crear otro más hu-
mano y aceptable.»
Nunca hasta entonces ningún filósofo había ha-
blado tan claramente de la relación entre la sociedad
de consumo y el giro hacia la masificación y la di-
solución del sujeto que comporta: la conversión de
los individuos en números de consumidores que, me-
diante la propaganda, son fácilmente influenciables
y manipulables. De las necesidades propias se pasa
a las necesidades y a los deseos inducidos y provo-
cados. Las líneas definitorias del yo y del querer pro-
pio son día tras día erosionadas por la invasión de
fuerzas ajenas, depredadoras de los contornos y las
singularidades personales (dominio externo, interio-
rizado inconscientemente).
Y, a pesar de todo, un horizonte de esperanza: en
la medida que el sujeto no es «totalmente prisionero
del sistema» se puede llegar a construir al «hombre
nuevcapaz de superar las contradicciones existen-
tes. El arte y la filosofía tienen un papel de primer
orden en dicha tarea.
«El arte es magia liberada de la mentira de ser ver-
dad» y puede contribuir decisivamente a la tarea «de
introducir caos en el orden», este orden de intereses
ajenos a los sujetos. El arte es expresión material, len-
guaje sin concepto, que posibilita experiencias intui-