tar a la superficie porque está reprimido o marginado,
pide un acercamiento a la realidad por vías distintas
a las formas de pensamiento que llevan a cabo esta
violencia.
Frente a la inmediatez característica de la vida mo-
derna, sujeta a un orden que no tiene más justifica-
ción que su propia existencia, Adorno reclama la au-
torreflexión crítica necesaria para reconstruir el mun-
do sobre otras bases que permitan superar la consi-
deración meramente instrumental del sujeto y hagan
posible la reconciliación de lo que las personas son
en sí, para sí y para los demás (reconciliación de la
esencia con la existencia, del ámbito individual con
el social). He aquí la ética de la reconciliación, la libe-
ración de las falsas verdades y la investigación de la
autenticidad propia de cada ser humano.
Una buena muestra de la caracterización negativa
de la situación que hace Adorno se hace patente en
las primeras páginas del texto:
«La relación de vida y producción, relación que realmente rebaja
aquella a la categoría de fenómeno efímero de esta, es decidida-
mente absurda. Medios y objetivos se confunden. Todavía no ha
sido totalmente eliminada de la vida la noción desjuiciada de todo
quid pro quo. La disminuida y degradada esencia se subleva tenaz-
mente contra la fascinación de la fachada. La modificación de las
mismas relaciones de producción dependen en gran medida de lo
que sucede en “la esfera del consumo”, en la mera forma refleja
de la producción y en la parodia de la verdadera vida, o sea: en la