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dad humana que, sin el arte, quedarían apagados para
siempre.
Desde esta perspectiva, el arte no es un «comple-
mento» de la vida, ni un ornamento burgués, sino la
única oportunidad humana de diversificar y ensan-
char las vivencias relativas al sujeto, a las relaciones
interpersonales y al entorno, de abrir los ámbitos de
experiencias posibles y de profundizar en el mundo
de la sensibilidad.
Minima moralia
Después de escribir la Dialéctica de la Ilustración con
Horkheimer, Adorno continúa su reflexión sobre la
situación de la cultura occidental y sus contradiccio-
nes en el libro titulado Minima moralia (1951). En esta
obra emplea un estilo aforístico, de referencias dis-
persas y expresiones asociadas a las alusiones indi-
rectas y oblicuas, que pone al servicio de la tarea de-
cisiva de averiguar y criticar lo que hay detrás de la
superficie de los fenómenos de la vida contemporá-
nea: la homogeneización y «desdiferenciación» de la
sociedad de masas, el predominio de lo cuantitativo
sobre lo cualitativo, la coacción de los estereotipos
sociales, la represión de las necesidades humanas, la
cosificación de los individuos.
Forma y contenido, forma y materia, son insepa-
rables; captar lo que no aparece, lo que no puede flo-