«ser puro» y «pensar puro» no resuelve el problema
de la verdad y la cognoscibilidad del ser.
La vocación musical
La dedicación a la filosofía no apartó a Adorno de
su vocación musical. En 1925 se trasladó a Viena pa-
ra estudiar composición con Alban Berg y piano con
Eduard Steuermann. Se relacionó con Schönberg, A.
von Webern, K. Weill, Eisler y otros, y colaboró en
una revista musical de aquella ciudad. A lo largo de
los años, han sido numerosos sus trabajos sobre mú-
sicos: Beethoven, Mahler, Wagner, Berg, Schönberg,
Webern, Krenek.
De vuelta a Fránkfurt investigó las teorías psicoa-
nalíticas de Freud y la obra de Kierkegaard. Su es-
crito de habilitación se titulaba «Kierkegaard. Cons-
trucción de lo estético» (1931). Este mismo año fue
nombrado profesor de la Universidad de Fránkfurt y
se vinculó al Instituto de Investigación Social. En la
revista que dirigía Horkheimer publicó: «Sobre el lu-
gar social de la música» (1932), «Sobre el jazz» (1935),
«Sobre el fetichismo en la música y la regresión del
oyente» (1938), «Fragmentos sobre Wagner» (1939),
además de numerosas recensiones de libros: Ontología
de Hegel de Herbert Marcuse, El hombre y la técnica de
O. Spengler, El problema del ser espiritual de N. Hart-