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su edición, porque se sentía distanciado. El pesimis-
mo domina esta fase de su vida y vuelve a temas
propios de Schopenhauer. La dinámica política de la
posguerra, la explotación de la sociedad de masas, la
instrumentalización y la manipulación de los indivi-
duos por distintos grupos sociales con intereses muy
concretos, las formas de reconstrucción de la «nueva
Alemania» (reproduciendo errores anteriores), pro-
vocaban su sentido crítico y también una fuerte des-
confianza en los tiempos venideros. Por ello, en al-
gunas conversaciones y artículos de los últimos años,
afloran reflexiones sobre la esperanza y la desespe-
ranza, las posibilidades y la necesidad de «salvación»,
las religiones, el teísmo y el ateísmo.
En nuestra sociedad, masificada y «administrada»,
dice Horkheimer en Religión y filosofía:
«La nostalgia no satisfecha, la falta de apoyo interior y la necesidad
de comunicación que conlleva este tipo de sociedad, ofrecen so-
bre todo una ocasión para el desarrollo de habilidades demagógi-
cas. La meta absoluta ya no existe y los objetivos reales que, una
vez se han conseguido, se convierten inmediatamente en medios,
son en tan insignificantes, a pesar de toda su racionalidad, que
buena parte de la juventud protesta contra toda glorificación de
la cotidianidad identificándose con beatles, provos, happenings. El ser-
vicio que la filosofía todavía puede hacer a lo que se está desva-
neciendo consiste en expresar este proceso y sus consecuencias.
Este esfuerzo es paradójico, puesto que las palabras y la sintaxis