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Como muestra de la manera como interpretaban
Horkheimer y Adorno los sucesos de este relato, vea-
mos dos de las aventuras más significativas:
Primero, el paso de Ulises por la isla de las sire-
nas. Escuchar el canto de las sirenas hacía enloquecer
y el deseo de ir hacia ellas provocaba la muerte. Uli-
ses sabe encontrar la forma de disfrutar del canto sin
morir: manda a sus marineros que se tapen las orejas
con cera («hace trabajar a los otros para él»); puede
escuchar a las sirenas gracias al esfuerzo de los demás
y al hecho de ser él mismo prisionero de la misma
estratagema. La imagen de Ulises atado al palo ma-
yor de la nave, loco por un deseo que no puede sa-
tisfacer, es el prototipo del triunfador frustrado, que
solo consigue el éxito al precio de la renuncia y del
sacrificio de sí mismo.
Y segundo, el enfrentamiento con Polifemo, el gi-
gante de un solo ojo. En la lucha entre ambos, Uli-
ses deja ciego al gigante y le dice que se llama Nadie.
Cuando el gigante pide ayuda contra quien le ha ata-
cado y le llama Nadie, el contrasentido es evidente.
He aquí una alegoría de la instrumentalización de la
polisemia del lenguaje y de la verdad para vencer al
poderoso, anuncio de la duplicidad del lenguaje y del
formalismo progresivo de la civilización. Ulises nie-
ga su identidad, pero este Nadie no es nada.