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nes (el Ulises de la Odisea o Julieta –el personaje del
Marqués de Sade–, por ejemplo) y temas varios (la
manipulación de las masas, el antisemitismo, los usos
de la técnica), fragmentario, abierto, que invita a la
reflexión y que evita toda sistematización en térmi-
nos absolutos. Este estilo se pone al servicio del ob-
jetivo principal de la obra: la crítica a aquellas formas
de racionalidad que llevan implícitas contrapartidas
radicalmente irracionales. En el prólogo escriben:
«Lo que nos propusimos era, nada más y nada menos, compren-
der por qué la humanidad, en lugar de entrar en un estado ver-
daderamente humano, desembocó en un nuevo género de barba-
rie. Aquello que los fascistas elogian hipócritamente y aquello que
los dóciles expertos en humanidad cumplen ingenuamente, la au-
todestrucción incesante de la Ilustración, obliga al pensamiento a
prohibirse hasta el último candor respecto de los hábitos y las ten-
dencias del espíritu del tiempo
La historia de la humanidad es la lucha para no
ser esclavo de la naturaleza mediante fórmulas cultu-
rales (civilización: ser civil, ser capaz de comprender
y relacionarse pacíficamente con el mundo). Pero es
también la lucha entre pueblos, de los hombres entre
y del individuo consigo mismo. «La adaptación al
poder del progreso implica el progreso del poder y,
por lo tanto, una repetición de aquellas regresiones
que ponen a prueba el progreso».